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ANÁLISIS A FONDO
POR QUÉ CARAJOS NO SE USAN LAS RESERVAS
Francisco Gómez Maza
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Son consideradas un colchón para fortalecer la capacidad crediticia y cambiaria
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Entonces, por qué ya 2 calificadoras han reprobado la capacidad de crédito de México
Las reservas internacionales del país revirtieron las pérdidas de las últimas semanas, al aumentar ligeramente en 237 millones de dólares y ubicarse el viernes pasado en 76,551 millones de dólares, de acuerdo con un reporte del propio banco central de México. Sin embargo, las reservas aún se mantienen por abajo del nivel que alcanzaron al cierre de 2008, de 85,441 millones de dólares, con lo que han retrocedido 8,890 millones de dólares en lo que va de 2009. El Banco de México (Banxico) explicó que el aumento de la última semana obedeció a una venta de divisas por parte de Pemex al banco central por 500 millones de dólares y un alza por otras operaciones netas por 312 millones más. Ello, no obstante una compra de divisas del gobierno federal al Banco de México por 75 millones de dólares y las subastas diarias de dólares sin precio mínimo, de acuerdo a las decisiones de la Comisión de Cambios, por 500 millones de dólares en dicha sema. Las reservas internacionales tocaron un máximo histórico de 86,885 millones de dólares el 18 de julio del año pasado, pero el monto ha disminuido en parte por la inyección de dólares del banco central en el mercado cambiario. Las reservas, junto con el crédito acordado con el Fondo Monetario Internacional y la línea swap con la Reserva Federal de Estados Unidos, conforman el blindaje financiero del país, ante un mayor deterioro de la recesión mundial.
Las reservas internacionales están formadas por los activos externos, que están bajo control del banco central. Estos activos son de disponibilidad inmediata y pueden ser usados para financiar pagos al exterior; por ejemplo, los pagos por importaciones. También pueden ser utilizadas por el instituto bancario central para intervenir en el mercado cambiario y defender la tasa de cambio, cuando ello sea necesario. La acumulación de reservas internacionales es el resultado de las transacciones que un país realiza con el exterior. Las transacciones que producen ingresos de divisas entre otras son, las exportaciones, los créditos de bancos extranjeros, las transferencias hechas por los mexicanos que trabajan en el exterior, y la inversión extranjera en el país. Las que generan egresos de divisas son las importaciones, los pagos de intereses de las deudas contraídas en el exterior, y los giros de mexicanos desde el interior hacia el exterior, entre otras. Cuando los ingresos son mayores que los egresos se acumulan reservas internacionales.
Según un documento de la Cámara de Diputados, de junio de 2005, las Reservas Internacionales son un indicador importante de la capacidad de pago que tiene un país para hacer frente a sus compromisos en moneda extranjera y de la solidez del Banco Central, además de reforzar la confianza de los agentes económicos sobre la fortaleza financiera de la economía para cubrir los adeudos en moneda extranjera y facilitar el acceso de los emisores privados y públicos nacionales a los mercados internacionales de capital, en mejores condiciones. Pero volvemos a la pregunta anterior: por qué, si México está perfectamente blindado con la multimillonaria cantidad de 76 mil 500 millones de dólares, es mal sujeto de crédito para la banca internacional, mientras las actividades económicas productivas, que no el gasto suntuario del gobierno, siguen en el hoyo. El mínimo repunte de la producción industrial, que creció 0.81% en octubre pasado respecto a septiembre, que no respecto a octubre del 2008, sólo es una golondrina que no hace verano.
Entonces, cuando se observa el elevado monto acumulado de Reservas Internacionales en los últimos años, no falta quien se pregunte por qué dichas Reservas no se utilizan para amortizar la deuda externa del país (México tiene muy bien escalonados el pago del servicio de su deuda:, pago intereses y la amortización de capital), o se invierten en proyectos de desarrollo social. Responden los economistas conservadores, los fridmanianos (si fueran keynesianos, otro gallo nos cantaría, porque Keynes propone gastar parte de las reservas en proyectos productivos, principalmente infraestructura, y no en la satisfacción de la lujuria de los altos mandos de la nomenclatura burocrática), que esto no es posible, ya que dichas reservas no son propiedad ni del Gobierno ni del Banco Central, por lo que no pueden disponer libremente de ellas como para realizar inversiones y, por otra parte, el Banco de México debe tener la suficiente liquidez de divisas para ponerlas a disposición de quien las demande; sean particulares o el propio Gobierno (generalmente, las pone a disposición de especuladores impíos que le compran dólares para llevarlos a los paraísos fiscales off shore y abultar al máximo sus portafolios personales), lo que también contribuye a mantener la estabilidad de nuestra moneda frente al dólar estadounidense y otras divisas.
Bien por todo lo que afirman los economistas clásicos. No pueden pensar de otra manera. Es como pedirle peras al olmo o pedirle a un panista que no crea en Dios, o a un marxista que crea en el. Pero la pregunta persiste y es válida de toda validez. Si el banco central está hinchado de dinero en dólares y otras divisas y en grandes cantidades de lingotes de oro y plata y, no obstante ello, está virtualmente en el buró de crédito de la banca internacional, y eso que no tiene problemas con su deuda externa, ni con la banca privada ni con los organismos de fomento internacionales como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, por qué no voltear los ojos a John Maynard Keynes y dejar esa rigidez (la rigidez es propia de los cadáveres) neoliberal. La economía no está en recesión. Está debajo del suelo. Por qué no reflexionarlo, amigo Agustín Carstens, ahora que fue usted premiado con un puesto que le dará un pingüe salario de por vida.
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