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2005. Era noviembre, pero los aires frescos del otoño no llegaron al comité organizador del Forum, brazo ejecutivo de la Fundación Monterrey 2007, A. C. Por el contrario, el calor del verano parecía prolongarse. El fuego amigo arreciaba.

Así, mientras aquí nos hacíamos bolas adivinando quien fue responsable de filtrar a Jorge Padilla el dato sobre su sueldo, Gastón Melo estaba en París firmando un convenio fundamental con la UNESCO.

En ese tiempo, muy poca gente conocía el dato del salario de veintidós mil dólares mensuales para el director del Forum. Realmente muy pocas personas, y todos cercanos al Palacio de la Cantera.

Durante la transmisión por televisión de la firma del convenio con la UNESCO, sucedió una cosa parecida: muy pocas manos –y aparatos- intervinieron en el envío de esa señal por satélite desde la Ciudad Luz; sin embargo la mano que mece la cuna hizo perdediza la señal, y en lugar del Secretario General de la UNESCO, Koiichiro Matsura, y el doctor Melo, a cuadro tuvimos disertando durante media hora a Jorge García Murillo, director de Contenidos del Forum, haciendo gala de erudición.

Un programa de TV vía satélite desde Fundidora

Pero, ¿qué pasó con la señal que venía desde París? El proceso sólo tenía tres pasos: 1) producción de la señal durante el evento; 2) toma de señal en París por parte de SatMex, que la transportó sobre el Atlántico con su infraestructura satelital y la entregó directamente a TV Nuevo León; y 3) la televisora estatal recibe la señal para combinarla y revestir la ceremonia local simultánea realizada en la nave Sopladores del parque Fundidora, y así salir al aire en vivo con un programa completo que se distribuiría por su red de televisión abierta y por cable.

Tal vez a algunas personas les pueda parecer complicado el procedimiento, pero en realidad no lo es. Todas las televisoras, no sólo de México sino del mundo, hacen exactamente lo mismo en cada partido de futbol –o de cualquier deporte- que se transmite a control remoto. Entonces ¿porqué aquí no llegó la señal si durante la práctica realizada la víspera todo había funcionado a la perfección? Ya lo dije: la mano que mece la cuna.

El director comercial de Satélites Mexicanos (SatMex) vino expresamente a Monterrey para investigar y ofrecer sus elementos de prueba de que la señal había llegado a esta ciudad sin mayores problemas. De hecho tuvimos que pagar los casi 30 mil dólares que costó el envío de la señal. Pero algo extraño sucedió en ese tercer paso, y nuestro programa salió al aire con mucha pena y poca gloria. Yo no acuso a nadie, pero sostengo que el problema fue local, aunque nunca hubo ninguna explicación razonable.

Eso sí, entre tanta gente que opinaba, no faltó el sabihondo que afirmó que la falla al aire se debió a que no se había previsto una “señal redundante”. La redundancia, en este caso, se refiere a contar con una segunda vía para la señal; así, si falla una, se usa la otra. Pero esa opción representaba duplicar el gasto original. Y si para entonces ya nos estaban acusando de despilfarrados, no quiero ni pensar de lo que nos habrían acusado. Por lo menos habrían dicho que yo, o mi jefe en ese momento, Miguel Ángel Sánchez de Armas, nos habíamos embolsado los casi 60 mil dólares de costo de la transmisión.

Pérdida de confianza
Lo peor no fue que “reventaron” el programa. Allá mismo, en París, surgió un diferendo entre Gastón Melo y Sánchez de Armas por este problema y otros que ya empezábamos a arrastrar, y el reconocido periodista presentó su renuncia quince días después.

Hasta ese momento Miguel Ángel Sánchez de Armas venía fungiendo como director general de Comunicación del Forum, y debo apuntar que antes de incorporarme en la dirección de Medios, yo había trabajado trece años en el sistema ECO, en donde las transmisiones por satélite eran la cosa más natural del planeta.

Pero había una diferencia: en ECO, con todos los matices que ustedes quieran considerar, la verdad es que trabajábamos en unidad, como equipo.

En el camino al Fórum las cosas fueron muy diferentes, y entre tantas opiniones de jefes y asesores, locales y nacionales, de todos tipos y categorías, en un océano de intereses, nunca se conformó un auténtico equipo, unido, integrado y solidario. Tal vez la única excepción se vio al final, cuando el equipo de Othón Ruiz Montemayor tomó las riendas del evento. Pero eso ya fue un momento muy posterior, cuando las condiciones y objetivos eran otros.

Por todo esto convencido estoy de que al aceptar la renuncia de su primer director de comunicación, Gastón Melo cometió un error gravísimo. Periodistas con el talento y verticalidad de MAGSA no se dan en maceta, y tras su salida el área de comunicación lamentablemente perdió la brújula.

Durante los siguientes tres meses me correspondió asumir interinamente la dirección de Comunicación, y mi primera decisión (que cumplí con rigor hasta el final de ese período) fue no firmar nada, ni gastar nada. Todo el trabajo se hizo de manera verbal o por escrito, pero en forma directa con los reporteros y con sus jefes de sección. Y aclaro que esta dirección estaba integrada por una persona: yo mismo. (Con Miguel Ángel, éramos dos).

También era necesario atender todos los días a una gran cantidad de proveedores que se acercaban a ofrecer los servicios más diversos. Esta labor permitió elaborar un amplio directorio al respecto, que por cierto no sirvió para nada, pues el siguiente ejecutivo del área, procedente de la ciudad de México, trajo su propia agenda.

La información, en tanto, se generaba a cuentagotas al interior del comité organizador, y esas gotas informativas se guardaban tan celosamente (para evitar el “ruido” y la especulación) que era muy poco lo que se podía compartir hacia afuera: algo del origen del Forum y la historia de Barcelona 2004, reiterar la importancia de los cuatro ejes temáticos (la paz, la sustentabilidad, la diversidad cultural y el conocimiento), las bondades presentes y futuras del parque Fundidora, y no mucho más.

Eso tuvo consecuencias: cuando la prensa local descubrió la virulenta oposición registrada en Barcelona, con críticas graves y valederas como la presencia de la empresa Indra, importante productora de armamento bélico que destacó en el Forum catalán como uno de los principales patrocinadores, y como algunas evidencias de especulación inmobiliaria con los terrenos rescatados en la zona del río Besós, sobra decir que aquí la cosa se puso color de hormiga.

En este contexto acudí con frecuencia a consultar a la persona que más sabía del espíritu Forum, y que no era otro que el director de Contenidos, don Jorge García Murillo, quien me explicaba que el proceso natural tenía que pasar por varios cambios en la dirección general del Fórum “tal y como ya había sucedido en Barcelona”.

Ya para ese momento venía yo experimentando una extraña sensación agridulce, producto de la satisfacción que daba participar en la organización de un evento de categoría mundial, mientras día tras día podía ver cómo la nave iba en creciente zozobra, lenta pero irremisiblemente rumbo al arrecife.

Y entonces sobrevino el primer recorte salarial. Una vez que la prensa conoció nuestros sueldos, y que el nuevo escandalito corrió como reguero de tinta periodística, nos informaron que por instrucciones de arriba habría un recorte del veinte por ciento en nuestros salarios. Y el recorte se nos aplicó a todos. A todos, menos al director general.

Comenzaba a delinearse el perfil de otra nueva dificultad. Dentro del comité, al parecer se estaban formando dos grupos: por un lado los chilangos, y por el otro, los regios. ¡Y yo estaba parado exactamente en la mitad!

(Continuará)

* Tomado de La Quincena N° 60.

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